Pensar como Einstein es Posible

¿Cómo se les ocurren a los creativos las ideas? ¿Qué tienen en común el pensamiento que fue capaz de imaginar la “Mona Lisa”, con aquel que dio lugar a la teoría de la relatividad? ¿Qué caracteriza las estrategias de pensamiento de personas como Einstein, Edison, da Vinci, Darwin, Picasso, Miguel Ángel, Galileo, Freud o Mozart a lo largo de la historia? Y, sobre todo, ¿qué podemos aprender de ellos?

¿Creatividad vs Inteligencia?

Durante años, los estudiosos e investigadores han tratado de estudiar el talento creador fijándose en los datos que tenían en común las personas con mayor creatividad. Así, por ejemplo, hubo estudios que afirmaban que las personas con mayor creatividad solían tener padres mayores de 30 años, que muchos eran célibes (Descartes), o que otros no tenían padre (Dickens) o no tenían madre (Darwin). Al final, todos estos estudios y datos solo demostraron que era imposible encontrar nada significativo que todos ellos compartieran.

De forma paralela otros estudios, también muy prolíficos, trataron de medir la relación entre la inteligencia y la creatividad. El éxito tampoco les acompañó. Una mayor inteligencia, no garantiza una mayor creatividad, ni viceversa. Un cierto nivel de inteligencia parece necesario para poder desarrollar el talento creativo, sí, pero no suficiente.

Después de un arduo debate iniciado por J.P. Guilford, destacado psicólogo que pidió un enfoque científico en la creatividad en los años sesenta, los psicólogos llegaron a la conclusión de que un individuo puede tener niveles de creatividad más elevados que sus niveles de inteligencia (medidos desde una perspectiva del CI), y viceversa, niveles de creatividad (medida como capacidad de producir o crear ideas o productos nuevos y relevantes para la sociedad o su entorno) bajos con CI elevados.

Pensamiento Convergente

La mayoría de las personas con inteligencia promedio, y que dispongan de los datos necesarios, podrán dar con la respuesta correcta, y convencionalmente esperada, a la mayoría de problemas con los que se encuentran a diario. La escuela y la sociedad se ha encargado durante años de que ello sea posible. Por ejemplo, cuando preguntamos, “¿Cuál es la mitad de 13?”, la mayoría de nosotros contesta inmediatamente seis y medio. Es muy probable que hayamos llegado a esta respuesta casi de forma inmediata, casi sin apartar los ojos del texto para seguir leyendo. Al hacerlo hemos utilizado nuestro pensamiento convergente y hemos echado mano de todos nuestros conocimientos anteriores.

El pensamiento convergente, lógico, previsible, es el que nos permite pensar reproductivamente, eso es sobre la base de problemas similares encontrados en el pasado. Cuando nos enfrentamos con problemas, recordamos cuál fue la solución correcta en el pasado “¿qué nos funcionó con anterioridad? ¿qué hemos aprendido a lo largo de nuestra vida sobre este problema?” Luego seleccionamos analíticamente el enfoque más prometedor basado en nuestras experiencias pasadas, excluyendo todos los demás enfoques, y trabajamos dentro de una dirección claramente definida para poder dar con la solución del problema. Debido a la solidez de los pasos basados en experiencias pasadas, nos volvemos arrogantemente seguros de la exactitud de nuestra conclusión. Así, cuanto más éxito tuvimos en el pasado, o cuantas más veces utilizamos una misma solución, más tendemos a pensar que es la única posible.

Este tipo de pensamiento ha servido a la humanidad para poder acumular el conocimiento y transmitirlo a las nuevas generaciones; nos permite no comenzar de nuevo todo el aprendizaje y, puede ser muy adecuado en determinadas situaciones, como por ejemplo cuando necesitamos respuestas rápidas (la falta de tiempo no se lleva bien con la creatividad).

Pensamiento Divergente

En contraste, los creativos piensan productivamente, no reproductivamente. Cuando se enfrentan con un problema, preguntan “¿De cuántas maneras diferentes puedo verlo?”, “¿Cómo puedo reconsiderar la forma en que lo veo?” Y “¿De cuántas maneras diferentes puedo resolverlo?”  Así es como llegarán a dar muchas respuestas diferentes, algunas poco convencionales y posiblemente únicas.

Delante de nuestro problema un pensador productivo diría que hay muchas formas diferentes de expresar “trece” y muchas formas diferentes de calcular la mitad algo. Las siguientes respuestas son algunos ejemplos de este tipo de pensamiento.

¿Cuál es la mitad de 13?

6.5

13 = dividido con una línea vertical entre el uno y tres = 1 y 3

TRECE = 2.5 letras en cada mitad (4 letras si fuera en inglés “thir teen”)

XIII = dividido por la mitad XI / II = te da 11 y 2 en números romanos.

O XIII dividido por la mitad horizontalmente le da = 8 u VIII en números romanos.

Con el pensamiento productivo, uno genera tantos enfoques alternativos como puede. Considera los enfoques menos obvios y también más probables. Es la voluntad de explorar todos los enfoques lo que es importante, incluso después de que uno haya encontrado uno prometedor.

 

A Einstein se le preguntó una vez cuál era la diferencia entre él y la persona promedio. Dijo que si le pedías a la persona promedio que buscara una aguja en el pajar, la persona se detendría cuando encontrara una aguja. Él, por otro lado, seguiría revolviendo todo el pajar buscando todas las agujas posibles.

¡Bienvenidos a la creatividad!

Texto adaptado de:

http://creativethinking.net/how-geniuses-think/#sthash.p5KIZ9Uc.dpbs

ash.p5KIZ9Uc.dpbs

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