¡Dejar que los Docentes sean Creativos!

Fomentar la creatividad es uno de los grandes retos de la escuela del siglo XX1. Muchos países  la incluyen como una competencia clave a desarrollar por sus alumnos, incluso países como Singapur, a pesar de que se sitúa en los puestos más altos del resultados PISA, reconocen la necesidad de trabajar la creatividad en sus aulas de forma más explícita.

Tal como su ministro de educación expresa “La educación cada vez menos tiene que ver con aprender contenidos y cada vez más sobre cómo se procesa y transforma esa información”. Él describe este reto para innovar como la capacidad para discernir la verdad de lo incierto, conectar ideas aparentemente inconexas y crear conocimiento incluso en contexto cambiantes”.

Este aumento del interés por la creatividad entre docentes, líderes escolares, académicos y gobiernos se debe en parte a la creciente convicción de que una economía global acelerada y en constante cambio como la que vivimos requiere trabajadores con una gran flexibilidad mental, profesional y personal capaz de adaptarse a estos cambios, y que este contrasta con las carreras profesionales tradicionales.

Vivimos en un mundo con problemas cada vez más complejos que requieren soluciones creativas y en las que la vida de las personas puede ser mejorada por una mayor sensación de voluntad que se genera al tener oportunidades de explorar tu propia creatividad.

Pocos docentes se describen a sí mismos como creativos. Quizá porque tienen un concepto de la creatividad muy relacionado con la capacidad artística como tocar un instrumento, pintar un cuadro, actuar en una obra, escribir una canción, un poema o una novela. Esto contrasta con una concepción más amplia de la creatividad que tiene que ver con la capacidad de hacer conexiones entre 2 ideas o contextos previamente no relacionadas. Es lo que el escritor húngaro-británico ha definido como “bisociación”, en su libro “El Acto de la Creación” :

Su libro es un estudio de los procesos de descubrimiento, invención, imaginación y creatividad en el humor, la ciencia y las artes, en un intento del autor por desarrollar una elaborada teoría general de la creatividad humana. Describiendo y comparando muchos ejemplos diferentes de invención y descubrimiento, Koestler concluye que todos comparten un patrón común que denomina “bisociación”: una mezcla de elementos extraídos de dos matrices de pensamiento previamente no relacionadas en una nueva matriz de significado a través de un proceso que implica comparación, abstracción y categorización, analogías y metáforas. Considera muchos fenómenos mentales diferentes basados ​​en la comparación (como analogías, metáforas, parábolas, alegorías, chistes, identificación, juegos de roles, actuación, personificación, antropomorfismo, etc.), como casos especiales de “bisociación”.

En 2013 dirigí un equipo que realizaba un proyecto para realizar una revisión sistemática de los entornos creativos de aprendizaje para el Gobierno de Escocia. Al observar una serie de artículos encontramos que para promover la creatividad entre los alumnos, los docentes necesitan desterrar sus ideas preconcebidas sobre lo que significa ser creativo como parte del proceso de aprendizaje profesional.

Dejar a los docentes ser Creativos

Los docentes necesitan que los líderes educativos les permitan ser creativos e innovar e improvisar en sus procesos educativos, algo que hoy aún supone un riesgo en un entorno de escuela altamente estructurada y orientada a los resultados académicos y las pruebas estandarizadas.

Una vez que tienen este permiso y apoyo, los docentes pueden trabajar por desarrollar entornos de aprendizaje creativos para sus alumnos. Esto compromete tanto el entorno físico del aula como un entorno de enseñanza con las siguientes características:

  • Los estudiantes tienen un cierto control sobre su proceso de aprendizaje.
  • Hay un adecuado equilibrio entre estructura y libertad.
  • El tiempo se usa de forma flexible
  • Los docentes son “juguetones” y plantean retos, juegos y sorprenden a sus alumnos.
  • Las relaciones entre los docentes y los estudiantes esta basada en un alto nivel de expectativas, el respeto mútuo, elevada flexibilidad y diálogo y el enfoque hacia la modelación de actitudes creativas.
  • Los estudiantes trabajan de forma colaborativa y se evalúan unos a otros.

Cada una de estas características puede suponer en sí misma la descripción de un buen estilo de aprendizaje, es la combinación de todas ellas la que crea el entorno adecuado para promover el desarrollo creativo de docentes y estudiantes.

Dos ejemplos que descubrí durante mi investigación pueden ayudar a ilustrar esto. Un maestro en Somerset sorprendió a su clase al organizar una serie de actividades en sus mesas mientras estaban fuera en el recreo, para trabajar el concepto de “gases”. Estas actividades era una vela encendida, una serie de vasos de plástico con un número diferente de canicas y pares de pelotas infladas y desinfladas.

Este maestro no dio instrucciones orales a sus alumnos, pero les dejo unas tarjetas con preguntas, como, por ejemplo, la siguiente:

“Observa la vela mientras se consume, ¿qué ves?. Mira cómo están dispuestas las canicas, sacudelas. ¿Qué ocurre?. Aprieta las pelotas de rugby, ¿Qué puedes comentar?

Superado el desconcierto inicial, los grupos de alumnos pronto empezaron a interactuar y a debatir sus ideas. Este sorprendente inicio de lección, que rompió con la rutina habitual, junto a una invitación a observar fenómenos cotidianos de un modo diferente, proporcionó el “gancho” necesarios para despertar el entusiasmo de los alumnos por este tema científico.

Haz divertida la abstracción

Otro coordinador de ciencias en la escuela de primaria de South Gloucestershire usó la técnica de animación mediante modelación en plastelina para ayudar a los niños a entender el concepto de “fuerza” reproduciendo situaciones de la vida real.  Trabajando en grupos de 2 ó 3 niños, pidió a sus estudiantes que contaran una historia modelando con sus plastelinas y que mostraran ejemplos de fuerzas en nuestra vida cotidiana.

Forces of nature. Ilike/www.shutterstock.com

 

Un grupo de tres niñas filmaron una historia simple de dos niños peleándose, empujándose unos a otros y un perro saltando sobre ellos. Después etiquetaron la filmación con notas como “empujar”, “tirar”, “gravedad” o “resistencia al aire”.

Un niño comentó:

“Puedes ser más creativo cuando haces una animación, porque tienes que diseñar lo que vas a hacer y eso te lleva a pensar sobre lo que vas a mostrar, las fuerzas que vas a usar, comprenderlas para después representarlas en tu animación”

Esta experiencia no sólo ayudó a reforzar la comprensión de los niños el concepto abstracto de las fuerzas, también les dió la oportunidad de ejercitar su capacidad de elección, hacer conexiones con otras áreas curriculares, y activar su reflexión crítica cuando auto-evaluaban el resultado de su trabajo.

Ejemplos como estos nos muestran cómo la creatividad de los docentes y su disposición a asumir riesgos puede promover la capacidad creativa de sus estudiantes y la forma en que estos aprenden y asimilan el aprendizaje de un modo más profundo, comprensivo, duradero y eficaz.

Este modo de enseñanza no es una opción fácil, no se trata de “dejar hacer”, requiere por el contrario de una cuidadosa preparación. Como Tomas Edison dijo, el genio es un 1% de inspiración y un 99% de sudoración”.

Fuentes:

http://theconversation.com/how-to-promote-creativity-in-the-classroom-51838